viernes, 24 de julio de 2009

Tanta conciencia

Sabía que sí, pero dudaba. De pronto, un segundo bastó para confirmar la naturaleza impostergable de aquel acto. Para
decidir “no más”. Para salvar de una vez por todas la brevedad que se cierne alrededor de un solo instante; y que, sumadas, estas brevedades conforman la existencia.

Un segundo apenas, para poner en la balanza los elementos del problema. Ordenarlos de acuerdo con su importancia, origen y posibles consecuencias. No fue fácil. Hubo que remontarse a la historia del planeta Tierra, a la filosofía de las ciencias. Que sopesar la teoría de Sistemas y las del legendario Darwin.

Más de una vez, sus razonamientos la habían colocado ante el mismo dilema.

En esta ocasión, nunca tanta conciencia había precedido a tan oportuno movimiento. Y llevándose la mano hasta la nuca, con un certero golpe, ejecutó ipsofacto al insistente y atrevido mosquito.

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